martes, 16 de julio de 2019

Rubén Darío ante las críticas

En ese vecindario de gente mal avenida que siempre ha sido la comunidad literaria de España, ningún otro poeta ha suscitado tanta controversia en su época como Rubén Darío, del mismo modo que ninguna poesía ha provocada tanta polémica al momento de su publicación como la “Epístola a la señora de Lugones”.  Para entenderlo basta con hacer un breve repaso de los artículos de prensa que siguieron a su publicación. 


La primera reacción viene de Julio Camba,  renombrado crítico literario y admirador de la obra dariana, quien en el diario El País, del 8 de enero de 1907, publica el siguiente artículo, del que extraigo esta parte:

A propósito de la Epístola a la señora de Lugones, me ha dicho un amigo de buena intención:
“De esa epístola yo elimino algunos versos mal acentuados  y escojo muchos alejandrinos perfectos, sonoros y rotundos dignos de cualquier gran poeta clásico español”.
Yo entonces traté de explicarle a mi amigo que de los versos de Rubén no se puede eliminar ninguno. Esos versos, los mal acentuados y los bien acentuados, forman una unidad armónica de la que no se debe suprimir nada.

Pero también hubo algunas críticas especialmente duras, y no exentas de ironía,como la publicada el 12 de enero de 1907 por Valentín Gómez redactor en la revista La Lectura Dominical, que firmaba con el seudónimo de Mínimus, personaje que gozaba de gran prestigio político y literario, y que poco después ocuparía un sillón como académico de la lengua española, en la que se lee: …El Imparcial del 7 de  este mes que corre, publicaba una cosa a modo de epístola poética que hubiera tirado de espaldas a Horacio. Véase la clase:

En Río de Janeiro iba yo a proseguir
Poniendo en cada verso el oro y el zafir
Y la esmeralda de esos pájaros moscas
Que melifican entre las áureas siestas foscas
Que temen los que temen el cruel vómito negro.
Ya no existe allá fiebre amarilla. Me alegro!

Y yo también, aunque a veces la echa uno de menos cuando lee ciertas cosas, pongo por caso:
Que si había un calor feroz, también había
Todas las consecuencias y ventajas del día.
En panorama igual al de los cuadros y hasta
Igual al mejor de la fantasía. Basta.     
Mi ditirambo brasileño es ditirambo
Que aprobaría tu marido. «Arcades ambo.

Y todo por el estilo hasta columna y media de necedades, locuras y disparates y basta.

En fin; que no les melifique a ustedes don Rubén,
y que tengan un año áureo y argentífero. Amén.

Concluyendo el artículo de la siguiente manera:
Aún chorrean sangre nuestros oídos con aquellos disparates que el gran Rubén publicó en El Imparcial a la muerte de Navarro Ledesma:

Era puro, era bueno; era lo que hay que ser
Cuando  se trae en el hombro la piedra del deber;
Él la llevaba siempre esta piedra de hierro.
Viendo hacia arriba el águila y hacia los pies el perro.

…esto es disparate de los que entran tres en una tonelada... ¿quién diablos trae sobre el hombro la piedra del deber, ni quién lleva esta piedra de hierro viendo hacia arriba el águila y hacia los pies el perro, como una prueba de bondad inconmensurable?
Y no hablemos de los discípulos de estos genios, que han idiotizado la juventud de fin del siglo xix.

De nuevo es Julio Camba quien vuelve a hablar algunos días después de este asunto, tratando de cerrar la polémica; y lo hace en la revista semanal Nuevo Mundo del día 24 de enero, señalando que:  Desde hace cosa de quince días, los literatos españoles se han dividido en dos bandos: admiradores y detractores de Rubén Darío.
…En este pleito Rubén Darío no es mas que un pretexto. Rubén Darío simboliza una tendencia nueva en la lírica castellana y sus partidarios sólo defienden la libertad de esa tendencia. Luego, cuando la novísima estética haya sido admitida. Rubén Darío será juzgado con arreglo a ella. Se trata sencillamente, de que no se examine un verso moderno tomando por término de comparación los endecasílabos de Quintana … Rubén Darío hace sus versos según su fórmula. Los versos son lo de menos y la fórmula es lo que está en litigio.

Un lector del diario, que firma como “Un suscriptor leído”, escribe en la columna de opinión del diario El Pais, el 25 de Enero de 1907, en respuesta al artículo publicado en “El Diario Universal”, por José Martínez Albacete, crítico literario, colaborador asiduo de los principales diarios de Madrid y poeta con poca fortuna, al tiempo que se refiere con ironía al artículo de Camba:
Sr. D. J. Martínez Albacete. Señor de mi más hondo respeto: Ese grito de honrada indignación literaria lanzado por usted desde el popular periódico donde escribe, el Diario Universal, nos ha llegado al corazón a muchísimos españoles que venimos soportando el coro convenido de adulaciones, de bombos disparatados al sinsonte* americano con el plumaje parisién, al señor don Rubén Darío, que no es más que un imitador, como usted demasiado sabe, del anémico, del clorótico* Mallarme.

Terminando su alegato con estas palabras:
Para terminar esta carta-protesta deseo, Sr. D. Rubén Darío, que se le acabe a usted el dinero y se tenga usted que ir a Nicaragua, o a donde sea, en bien de la sana y robusta y original poesía española.

En la España Moderna, publicada en los primeros días de febrero de 1907, Eduardo Gómez de Vaquero escribe lo siguiente: A Rubén Darío se le discute principalmente por su originalidad. Aunque aparentemente vivimos en un estado de anarquía intelectual, sin verdaderas escuelas, sin pontífices ni definidores del arte literario que sean escuchados y seguidos, lo tradicional conserva hondas raíces en el alma española, y los neologismos de Darío, sus metros favoritos, más usados en la rima francesa que en la castellana, sus imágenes libres y atrevidas, asombran a algunos y se prestan a chanzas. Casi siempre se ha esgrimido el ridículo contra las novedades. Pero esa misma originalidad rayana en extravagancia, y que a veces pasa al otro lado de la raya, es la fe de vida de la joven poesía española de América. No están bien estudiados ni son bien apreciados los poetas modernos de la América española. La exuberancia de imaginación que, engendrando muchas imágenes, crea algunas raras y poco armónicas, la tendencia a innovar en la métrica, a dar al verso más libertad de la que consienten las combinaciones clásicas, son señales de una poesía vigorosa que tiene savia propia y no necesita vivir de la imitación. Vendrá con el tiempo el período de perfeccionamiento y lima de la forma.

Pero quien termina por zanjar esta polémica es el propio Darío cuando, a requerimiento de la dirección de El Imparcial que le solicita al poeta su reacción ante lo acontecido, escribe un artículo que lleva por título “Dilucidaciones”, y que publica el 18 de febrero de 1907. De este artículo, por su interés, se han  extraído los siguientes párrafos:
 Nunca he dicho: «lo que yo hago es lo que se debe hacer». Antes bien, y escribe Augusta Holmes «Sobre todo, no imitar a nadie, y mucho menos, a mí». Tanto en Europa como en América se me ha atacado con singular y hermoso encarnizamiento. Con el montón de piedras que me han arrojado, pudiera bien construirme un rompeolas que retardase en lo posible la inevitable creciente del olvido... Tan solamente he contestado a la crítica tres veces, por la categoría de sus representantes, y porque mi natural orgullo juvenil, ¡entonces! recibiera también flores de los sagitarios. Por lo demás, ellos se llamaban Max Nordau, Paul Groussac, Leopoldo Alas.
…No creo preciso poner cátedra de teorías de aristos.  Aristos*, para mí, en este caso, significa, sobre todo, independientes. No hay mayor excelencia. Por lo que a mí toca, si hay quien me dice, con aire alemán y con lenguaje un poco bíblico: «Mi verdad es la verdad», le contesto: «Buen provecho. Déjeme usted con la mía, que así me place, en una deliciosa interinidad».

...................................................................................................................
*Sinsonte (es un pájaro americano que, además de ser famoso por la armonía de su canto, es admirado por la capacidad de imitar el canto de otras aves).
*Clorótico (persona que sufre o padece de clorosis, enfermedad que se diagnostica por la deficiencia de hierro y se caracteriza por una apariencia de palidez verdosa y de otros síntomas asociados a ella).
*Aristos (término que se utilizaba en la Antigua Grecia para referirse a los mejores, a los más fuertes, a los que tenían más coraje, más destreza, a los que se destacaban por su honestidad y por estar mejor entrenados tanto física como intelectualmente).

No hay comentarios.:

Publicar un comentario