viernes, 1 de mayo de 2026

Rubén Darío en Madrid

Múltiples han sido los homenajes dedicados a lo largo de los años por la ciudad de Madrid al poeta Rubén Darío.

 Además de la glorieta que lleva su nombre, donde tiene su monumento, y de la estación del metro suburbano, también en Casa de América (Antiguo Palacio de Linares) situada en la Plaza de la Cibeles, hay en la segunda planta una sala de 33 metros cuadrados que lleva su nombre.

 En abril de 1964, patrocinada por el Ayuntamiento de Madrid, en la fachada de la casa donde en 1905 vivía el poeta en Madrid, en el número 4 de la calle Veneras, en el distrito Sol / Centro, se instaló una lápida
rectangular, realizada en caliza blanca, de 0,90 x 1,00 m. sin decoración y enmarcada por una incisión longitudinal perimetral,
 celebrando que allí fue donde escribió el poema Salutación del optimista.

 La leyenda en la lápida, asimismo incisa y pintada, fue redactada por el poeta José García Nieto, e incluye la penúltima estrofa del celebrado poema que exalta la hispanidad. 

AQUÍ VIVIÓ

RUBÉN DARIO

CANTOR Y ADELANTADO DE LA FUTURA HISPANIDAD

“UN CONTINENTE Y OTRO, RENOVANDO LAS VIEJAS PROSAPIAS.

EN ESPÍRITU UNIDOS, EN ESPÍRITU Y ANSIAS Y LENGUA

VEN LLEGAR EL MOMENTO EN QUE HABRÁN DE CANTAR NUEVOS HIMNOS”

EL PUEBLO Y EL AYUNTAMIENTO DE MADRID

LE DEDICAN ESTE RECUERDO

ABRIL 1964.

domingo, 1 de marzo de 2026

Rubén Darío en Paraguay

Rubén Darío nunca estuvo en Paraguay, pero se mantuvo al corriente del estado de la poesía en ese país, y tuvo la oportunidad de conversar con algunos ilustres paraguayos, como Arsenio López y Manuel Gondra (dos veces presidente de Paraguay) que años antes había escrito una famosa crítica del libro Prosas profanas. A ambos tuvo la oportunidad de conocer personalmente en Río de Janeiro durante la celebración de la Tercera Conferencia Panamericana celebrada del 23 de julio al 23 de agosto de 1906.

Años después Darío escribió un artículo sobre el país para la revista Mundial Magazine donde afirmaba que Paraguay era “Tierra de sol, tierra de épica historia, tierra de leyendas. Lo que hicieron sus hombres en la guerra terrible, se ha contado a los niños de América, como las hazañas de los héroes homéricos los cuentos fabulosos. Porque allí se demostró con sangre y muerte, saber de patria y de sacrificio, quizás como en ninguna parte…”. Artículo que más tarde incluiría en el libro Prosa política: “Las repúblicas americanas”, en el que hacía una profunda reflexión sobre las diferentes realidades de los países latinoamericanos, desde un punto de vista histórico, político, sociocultural y económico. 

En 1912 fue nombrado Cónsul honorario de Paraguay en París, cargo oficializado en septiembre de ese año y reafirmado por documentos en 1913, siendo este uno de sus últimos puestos diplomáticos. Su labor como cónsul se centró en la gestión de intereses paraguayos, incluyendo cuestiones aduaneras y propuestas de inversión, consolidando su vínculo con el país.

Lo llamativo es que cuando en 1966 el país guaraní conmemora el cincuentenario de la muerte de Rubén Darío, emite dos series postales, en una está el retrato del poeta, en la otra un libro abierto en cuyas páginas hay un poema ilegible, y sobre él, en caracteres más grandes, la inscripción Paraguay de fuego …. (El verso con el que termina la primera estrofa del poema “Elegía pagana”).

¿Sabéis? La rusa, la soberbia y blanca rusa

que danzó en Buenos Aires, feliz como una musa

enamorada, y sonrió mucho, y partió luego

a dar sol a sus rosas al Paraguay de fuego.

 

viernes, 3 de marzo de 2023

Rubén Darío nace en Metapa

  El aniversario del nacimiento de Rubén Darío se celebra en Nicaragua como una fiesta de gran tradición popular, especialmente en el municipio donde nació, Ciudad Darío, entonces conocido como San Pedro de Metapa. Allí, todos los años, durante las jornadas darianas, el pasado cobra vida y vuelven a recitarse los versos del poeta y los eruditos de su obra celebran simposios para explicar algún sentido hasta entonces oculto en sus versos y el pueblo sencillo disfruta del espectáculo folclórico y de cohetería que se le ofrece.

Ayer
 

El día 17 de enero de 1967 por el camino polvoriento avanza una carreta tirada por mulas. En su interior, recostada en almohadones bajo un toldo de petate, viaja una mujer embarazada, Rosa Sarmiento, que siente cada vez más fuertes los síntomas del parto. Lo accidentado del camino ha precipitado sus dolores. La acompaña su tía Josefa y, al entrar en el poblado de San Pedro de Metapa, deciden tomar un descanso. El lugar era apenas una plaza y cuatro calles que llevan nombres de apóstoles (San Pedro, San Pablo, San Andrés y Santiago). Allí se hacían los cambios de caballerizas de las diligencias que iban de León a Granada, procedentes de Matagalpa y Jinotega, por lo que piensan que no será difícil encontrar algún lugar donde alojarse. Preguntan y la respuesta es que no existe ninguna pensión, dado que los transeúntes generalmente pernoctan en los corredores de la casa de la alcaldía. Siguen el consejo de pedir posada en la modesta casa de doña Cornelia Mendoza, quien accede a recibirlas y, dadas las circunstancias, pone a disposición de las viajeras su propio aposento. Los dolores del parto se intensifican y al día siguiente, 18 de enero, en horas de la tarde, Rosa quien es asistida por la propia doña Cornelia y la comadrona del pueblo, Agatona Ruiz, da a luz un niño que dicen nació delgado, con la cabeza muy gorda y las piernas como dos rosquillas. Ha nacido Rubén Darío y en memoria de este acontecimiento, el 25 de febrero de 1920 se cambió el nombre a este lugar por el de Ciudad Darío.

Hoy

Es el 18 de enero de 2022, y la ciudad donde nació el poeta, el departamento entero y toda Nicaragua se dispone a celebrar el 155 aniversario del nacimiento. La fiesta ha comenzado tres días antes, con la elección de la musa dariana 2022, un cerrado certamen en el que participaron siete jóvenes,  quienes además de contestar preguntas del jurado declamaron poemas de Darío, concluyendo, en palabras del narrador del evento, “aquel derroche cultural” con la elección de la señorita Eliam Camila, una joven de 15 años de la comunidad de Las Calabazas. Cuando a la joven la preguntan cómo se preparó para el evento, responde: “Sola. Me preparé sola porque quise demostrarme a mí misma todo el conocimiento que tengo y gracias a Dios, Dios me hizo la obra porque yo me preparé, me esforcé y aquí estoy”. Cuando le preguntan a la madre como se siente tras la elección de su hija, responde: “Me siento muy feliz, muy contenta. Sabía que mi hija iba a ganar porque ella tiene un gran potencial. Ella es muy inteligente. Desde la edad de tres años yo le regalé un libro, Azul, y ella lo conservaba. Cuando ya ella estaba en tercer grado ella empezó a leer y a escribir, porque mi hija no solo lee también escribe”.

El día 17 por la tarde se hace la representación de la llegada en carreta de Rosa Sarmiento a Ciudad Darío, y el propio día 18 de enero, a las ocho de la mañana se dirigen autoridades y público ante la puerta de la casa natal, que conserva la estructura original con sus paredes de adobe y taquezal. En su interior guarda mobiliario de la época en que nació Darío y todo el ambiente trata de ser un retrato fiel de aquella época, cuando no había luz eléctrica y se dormía en cama de cuero crudo. En el patio de la casa se mantiene una vieja carreta de bueyes y al fondo, entre árboles de mango y nim, se ubica el anfiteatro donde se recitan los poemas durante las jornadas darianas. Una vez allí, reunidos ante la casa y acompañados de una pequeña serenata, cantan las mañanitas al cumpleañero. Luego se corta una tarta y se reparte entre los asistentes. Después llega la antorcha dariana, que este año se llama “Luz y verdad”, traída por los jóvenes de la Federación Estudiantil de Secundaria, que se la ofrecen a la alcaldesa de Ciudad Darío. Ella la recibe con las siguientes palabras: Hoy nos está juntando Rubén Darío, ciento cincuenta y cinco años con la juventud. La juventud va a tomar en sus manos todas estas actividades culturales, porque vamos formando ese legado histórico, ese legado nacionalista, antiimperialista que nos dejó Rubén Darío. Rubén Darío está hoy con nosotros, estará siempre, es para mucho tiempo”.

A continuación se realiza un recital de poesía, alternándose con presentaciones musicales de la orquesta nacional “Camerata Bach”.

Luego se lleva a cabo la ceremonia de coronación de la Musa Dariana y un desfile con catorce carrozas representando cada una un cuento o poema del celebrado poeta.

A las 16.00 los diputados de la Asamblea Nacional realizan una sesión especial frente a la casa natal.

Se cierra la jornada con una fiesta popular y un show de fuegos artificiales.

El comentarista de la cadena de televisión, que ha seguido todo el evento, cierra la transmisión con las siguientes palabras: "y así culmina esta jornada especial en honor al inmortal Darío, el príncipe de las letras castellanas, el héroe de la independencia cultural".

domingo, 29 de enero de 2023

Rubén Darío en los tangos de Carlos Gardel

 

A finales del siglo XIX, los primeros tangos eran ejecutados en “las academias de baile”, que eran una tapadera para las casas de citas, y sus letras eran de carácter pícaro y alegre, muy primarias, de contenido grotesco y desconsideradas hacia la mujer, sin gran despliegue musical. Algo que cambiaría hacia 1915, cuando empezó a ser adoptado por las clases medias y altas de Buenos Aires y se produjo una evolución tanto en la instrumentación como en la letra, en especial por el influjo que sobre los compositores ejercían las obras de autores de primera línea como fue el caso de Rubén Darío, el más importante poeta del Modernismo. Para los tangueros, Darío es "Rubén", lo que apunta al afecto que el nicaragüense suscitaba entre los autores de tango.

Es de resaltar la contribución de la lírica dariana al lenguaje poético del tango, ya que aportó a la letra de las canciones reminiscencias de lugares exóticos, una desbordante sensualidad poética y algunas fantasías visuales, algo que puede verse de manera especial en la obra de Enrique Cadícamo, uno de los letristas más relevantes e importantes del tango, quien hizo un uso destacado de poemas, motivos e, incluso, personajes que aparecían en la obra de Rubén, como sucedió con la «Sonatina» o «Era un aire suave…», además de que existe una clara afinidad entre la estrofa rubeniana y la de Cadícamo, ambas basadas en el rigor métrico y la clave sonora, que aportan al tango su dimensión poética y evocadora.

Incluso en la célebre canción que compuso para Carlos Gardel “La novia ausente”, incluye los primeros versos del poema la Sonatina, lo que puede considerarse como una clara muestra de admiración y reconocimiento hacia el nicaragüense. 

 La novia ausente: (1933) Letra de Enrique Cadícamo. Música de Guillermo Barbieri

Íbamos del brazo y tú suspirabas
Porque muy cerquita te decía: "mi bien"
¿Ves como la luna se enreda en los pinos
Y su luz de plata te besa en la sien?

Al raro conjuro de noche y reseda
Temblaban las hojas del parque también
Y tú me pedías que te recitara
Esta sonatina que soñó Rubén

La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa
Que ha perdido la risa, que ha perdido el color
La princesa está pálida en su silla de oro
Está mudo el teclado de su clave sonoro
Y en mi vaso, olvidada, se desmaya una flor

¿Qué duendes lograron lo que ya no existe?
¿Qué mano huesuda fue hilando mis males?
¿Y qué pena altiva hoy me ha hecho tan triste?
Triste como el eco de las catedrales

Ah, ya sé, ya sé, fue la novia ausente
Aquella que cuando estudiante me amaba
Que al morir, un beso le deje en la frente
Porque estaba fría, porque me dejaba

Al raro conjuro de noche y reseda
Temblaban las hojas del parque también
Y tú me pedías que te recitara
Esta sonatina que soñó Rubén

Pero no solo Cadícamo se sintió cautivado por la poesía de Rubén Darío, también Claudio Frollo, al componer para Carlos Gardel, con música de Carlos Vicente Geroni, el tango “Solo se quiere una vez”, hacia 1930, incluyó en la letra parte del poema “Canción de otoño en primavera”

 Sólo se quiere una vez

No quise creer que fueras la misma de antes
La chica de la tienda, "La Parisienne"
Mi novia más querida cuando estudiante
Que incrédula decía los versos de Rubén

Juventud, divino tesoro
Te fuiste para no volver
Cuando quiero llorar no lloro
Y a veces lloro sin querer

Resuelto corrí a tu lado
Dándome cuenta de todo
Quería besar tus manos
Reconquistar tu querer

Comprendiste mi tortura
Y te alejaste sonriendo
Fue tu lección más profunda
¡Sólo se quiere una vez!

 
También hay resonancias de La Sonatina en otros tangos, como es el caso de “La percanta está triste”, letra de Vicente Greco y música de Julián Porteño.
 Para entender esta influencia de la Sonatina en los textos de los autores de tango hay que considerar que en la Argentina de los años veinte lo difícil era que alguien no conociera el poema, ya que estaba en todas la antologías publicadas y se recitaba una y otra vez en las fiestas y celebraciones escolares.

La percanta está triste
¿qué tendrá la percanta?
En sus ojos hinchados
se asoma una lágrima,
rueda y se pianta.
La percanta está triste,
no hace más que gemir...
Ya no ríe, no baila, ni canta
y la pobre percanta
no puede dormir...

De su cara rosada
se ha piantado el color
y ha quedado marchita
como pálida flor.
Sus ojazos no brillan
han perdido el fulgor
y sus labios de fuego
ya no tienen calor...

Otra mina más papa
al bacán le quitó
y la pobre percanta
amurada quedó.
La percanta está triste
y no puede vivir...
Su dolor es tan grande y profundo
que esgunfia del mundo...
se quiere escurrir.

 En resumen, el rigor métrico y la clave sonora de la poesía de Rubén Darío aportaron al tango elegancia, fantasía y sonoridad, mientras que la globalización del tango ayudó a extender la fama y el reconocimiento del poeta nicaragüense.

lunes, 2 de enero de 2023

Un libro dedicado por Rubén Darío

     Un amigo coleccionista, residente en Nicaragua, me envió un wasap con tres fotos: la portada de la primera edición del libro España contemporánea, encuadernado en tapa dura, la dedicatoria de Rubén Darío a su amigo Joaquín Sansón en la primera página del libro, fechada en París en 1904, y la copia de la cédula de identidad de la poseedora del libro, Mª del Carmen Claramunt Sansón. 

El libro es la recopilación de 42 crónicas que Darío fue publicando en el diario La Nación de Buenos Aires, y que constituyen una auténtica radiografía sobre la crisis de final de siglo vivida en España después de la derrota frente a los Estados Unidos y la consiguiente pérdida de sus últimas colonias de ultramar. El autor escribe sus impresiones de la España de fines del siglo XIX. Nos habla del comercio de libros, de los editores, de varias novelas y novelistas además de algunos poetas, de las tertulias. También dedica en el libro varios artículos sobre Galdós, el Rey, los toros, la Semana Santa, la mujer española, la España negra, e, incluso, hace un impresionante relato de una fiesta campesina. Con todas estas crónicas elaboró el libro España contemporánea, que publicó en 1901 en la editorial Garnier Hermanos de Paris. 

El primer artículo narra su salida de Buenos Aires en el vapor que le llevará hasta Barcelona: 

«En el mar»    3 de diciembre de 1898

"El agua glauca del río se va quedando atrás, y el barco entra al agua azul. Me encuentro trayendo a mi memoria reminiscencias de Childe Harold. Siento que estoy en casa propia; voy a España en una nave latina; a mi lado el  suena. Sopla un aire grato que trae todavía el aliento de la Pampa, algo que sobre las olas conduce aún efluvios de esa grande y amada tierra".

(Las peregrinaciones de Childe Harold es un extenso poema narrativo dividido en cuatro cantos escrito por el autor inglés Lord Byron)

Por lo que se ve en las fotos, el libro mantiene su cubierta original, parece que el lomo está bien conservado y las hojas presentan el tostado típico del paso del tiempo. Habría que ver el libro para comprobar si tiene manchas en algunas hojas o está rozado.

Aun así, no es un libro que tenga una consideración especial dentro de la obra del poeta nicaragüense; y que, sin dedicatoria firmada, se puede adquirir en España, en una tienda de libros antiguos, por treinta o cuarenta dólares, muy lejos de los ochocientos que se pagarían por un ejemplar de Prosas profanas o de Cantos de vida y esperanza en su primera edición. 

Lo que preocupaba a mi amigo, que estaba pensando en hacer una oferta, era saber si la dedicatoria era auténtica y que opinaba sobre el precio de dos mil quinientos dólares que la dueña del libro estaba pidiendo por él.

Sus dudas eran razonables, considerando que tanto la firma como la letra de Darío son fáciles de falsificar. Algo que por desgracia es frecuente en Nicaragua, donde se ofrecen continuamente documentos del poeta, y es un riesgo adquirirlos sin que hayan sido previamente certificados. Claro que, son pocos quienes en Nicaragua se atreven a validar la autenticidad de un documento escrito por Darío, entre ellos se cuentan algunos estudiosos de su obra, que sin ningún aval forense, porque se carece de medios para llevarlo a cabo, solo pueden establecer la verosimilitud del documento cuando el poseedor del mismo acredita su procedencia, demostrando una relación directa entre el homenajeado en la dedicatoria, de manera que sea posible establecer una trazabilidad del mismo; y aun así siempre advierten que su opinión con respecto a la originalidad del documento queda supeditada a que alguien pueda demostrar fehacientemente lo contrario.

Siguiendo ese mismo proceder, tratando de verificar la dedicatoria o descartarla, me di a la tarea de descubrir la relación que pudiera existir entre el poeta y el destinatario. En el Archivo Rubén Darío de la Universidad Complutense de Madrid y en la Biblioteca virtual Miguel de Cervantes encontré varias cartas de 1907 dirigidas por Darío a Joaquín Sansón, que acreditan la relación amistosa entre ambos. También al examinar la tipografía de la letra en la dedicatoria se observa que se corresponde con la de las cartas originales de Darío. Por lo que, a primera vista, se puede deducir que la dedicatoria era auténtica.

Para contrastar algunos datos me puse en contacto con la poseedora del libro a través del wasap. Me contó que Joaquín Sansón era su bisabuelo y padre del embajador Justino Sansón Balladares, quien en los años sesenta y setenta del siglo pasado dejó medallones de bronce con la efigie de Darío en varias ciudades de España y más adelante en muchos lugares de Nicaragua. Cuando le pregunté si tenía más libros o recuerdos de Darío me dijo que era lo único que se había salvado en el terremoto que sacudió Managua en 1972, pero que Darío solía enviar a su bisabuelo un libro firmado de cada uno que publicaba. De ser cierto, también era mala suerte que solo se hubiera salvado ese.

Otro aspecto a considerar a la hora de fijar un precio, es que no hay mucho mercado para las ediciones príncipe de Darío, ya que son valoradas por los bibliófilos en apenas cuatro países: Nicaragua, donde hay poco poder adquisitivo (algunos nicaragüenses radicados en los Estados Unidos son quienes pueden adquirir estos ejemplares dedicados), España, Argentina y Chile.

El precio que pedía me pareció excesivo, y así se lo hice saber tanto a mi amigo coleccionista como a la poseedora del libro, que se mostraba abierta a negociarlo. El hecho de que estuviera dedicado y firmado aumentaba su valor, pero es difícil valorarlo ya que no hay criterios objetivos y depende de lo que el comprador esté dispuesto a pagar. Habría que considerar la relevancia del texto en la dedicatoria, que en este caso es sencillo, casi de ocasión, así como el papel histórico de la persona a la que va dirigida, que no es alguien significativo fuera de la patria nicaragüense, a pesar de que las cartas escritas por Darío le concedan cierta importancia

      Será difícil que encuentre un comprador que se acerque a los dos mil quinientos dólares que está pidiendo, pero si en algún lugar puede hallarlo es en Nicaragua, donde en la actualidad ha surgido un grupo de coleccionistas decididos a reivindicar la historia del país y de manera singular la obra de Rubén Darío. El problema es que son libros muy delicados, por las características del papel y el efecto que tiene el clima húmedo y cálido del trópico sobre las hojas hace que se requieran unos medios de conservación de los que solo un bibliófilo suele disponer.

 

lunes, 12 de diciembre de 2022

Rubén Darío en la Cartuja de Valldemossa

  En dos ocasiones, con un intervalo de siete años, estuvo Darío en la Cartuja de Valldemossa. La última vez fue en el otoño de 1913, cuando fue invitado por su propietario, Joan Sureda, y él buscaba en el reposo monástico una cura para su ya deteriorada salud.

De esta última estancia en la Cartuja, que duró tres meses, hay un episodio confuso que diversos biógrafos han tratado de manera diferente: la forma en que Darío reacciona ante las huellas de una pata de animal en la baldosa de una celda.

El primero en mencionarlo es Edelberto Torres, en su libro “La dramática vida de Rubén Darío”, publicado en Guatemala en 1952, cuando cuenta que el poeta “Una noche cree tener la visión espantosa de Lucifer,  y tan cierto es, que el Maligno, según él, ha dejado la huella de su horrible pata en el suelo del cuarto que ocupa”.

También Valentín de Pedro en su libro “Vida de Rubén Darío” publicado en Argentina en 1961, relata que “Al entrar el poeta con el matrimonio amigo en la habitación que para él habían alajado, regiamente por cierto, lo primero que llamó su atención fue una baldosa en la que quedó impresa la pata de un chivo, que había pisado allí cuando la argamasa estaba blanda. Apenas verla se volvió hacia sus acompañantes diciendo: No han hecho ustedes mas que designar este sitio para mí y ya ha pasado por aquí el diablo”.

En los dos casos no estamos ante relatos novelados, sino que los libros tratan de documentar como fue la vida de Darío, para acercarnos a entender la personalidad del poeta. Sin embargo los autores no explican cómo o quién les proporcionó esa información. 

En cualquier caso es el propio Darío, quien en su libro que se puede considerar una biografía novelada, “El oro de Mallorca”, desmiente ambas versiones, al poner en boca de su alter-ego, Benjamín Itaspes, que iba acompañado por el dueño de la casa, Luis Arosa (Joan Sureda), la siguiente descripción de los hechos: “Vieron las celdas, hoy habitaciones modernizadas, pero en las cuales se conservan los viejos y fuertes pavimentos de ladrillo, muebles de antaño, como el botiquín de los padres; la abertura en el muro por donde se recibía el pan, y una tabla especial en donde se señalaba la cantidad que cada religioso necesitaba. En una de las celdas se veían sobre un ladrillo lo que las buenas gentes del lugar juzgaban las huellas del diablo, cosa que Benjamín hubiera deseado más justificada, pues bien claro se veía que cuando el ladrillo estaba recientemente hecho y muy húmedo, había puesto sobre él la pata un inocente y poco diabólico perro...”.

Un aspecto a tener en cuenta, a mi juicio determinante para validar esta historia, es que Joan Sureda, su anfitrión, en la narración que hace de la estancia de Darío en la Cartuja, no menciona este suceso que, de existir, hubiera sido digno de contarse. La que si existe es la baldosa con la huella de la pata de un perro.

Dos años antes había visitado la Cartuja de Valldemossa para comprobar los recuerdos que en ella quedaban de la estancia de Darío y había buscado y preguntado al guía local por la consabida huella. Pero se mostró sorprendido por mi pregunta y no pudo darme razón alguna, y a pesar de que busqué en los suelos de las habitaciones, por donde transcurría el recorrido turístico, no pude encontrarla, dando así por perdida esa parte de la historia, pensando que tal vez, como ocurrió con otros aposentos, había sido removido el suelo original en alguna remodelación del edificio, y así lo dejé escrito en el artículo titulado “La presencia de Rubén Darío en Mallorca” que puede verse en este mismo blog y que narra aquella visita.

Transcurrieron algunos meses hasta que alguien, que leyó el artículo, tuvo la gentileza de advertirme que la visita guiada no pasa por la celda que ocupó Darío y que todavía se conserva la baldosa con la huella del perro. Además me envío unas fotos para ilustrarlo, que ahora pueden verse acompañando a este artículo.

En la foto de una baldosa puede leerse que el suelo original es de 1663. En otra foto puede verse el suelo de la habitación, con un balcón al fondo, y en el centro una baldosa con dos huellas de pata de perro. En la tercera foto puede verse esta misma baldosa con las huellas. Un magnífico reportaje gráfico que agradezco haber recibido.

  

lunes, 24 de octubre de 2022

Rosario Murillo, segunda esposa de Rubén Darío

La relación entre Rubén Darío y Rosario Murillo transcurre a lo largo de más de treinta años y es cuando menos controvertida (la mayoría de los cronistas se han ocupado de resaltar la oposición de ella a los intentos de divorcio y los incidentes que tuvieron lugar durante ese proceso, que revelan una mujer de carácter decidido y de fina inteligencia). A continuación se mencionan los hechos más importantes de esta relación siguiendo un orden temporal.

Se conocieron en Managua, cuando él tenía catorce años y ella once. Darío la describió así: “Rostro ovalado, color levemente acanelado, boca cleopatrina, ojos verdes, cabellera castaña, cuerpo flexible y delicadamente voluptuoso, que traía al andar ilusiones de canéfora”. Cuando cumple diecisiete años quiere casarse con ella, pero sus amigos le disuaden y le envían a El Salvador.

 De regreso a Nicaragua experimentó, según sus propias palabras, “la mayor desilusión que puede sentir un hombre enamorado”, (Se ha especulado, sin confirmar, con que a través de rumores supo que en su ausencia Rosario tuvo un amorío). Se embarca rumbo a Chile, donde escribirá Abrojos y Azul, pero antes de partir se despide de ella con una carta que escribe el 12 de mayo de 1886. A continuación, se reproducen los dos primeros párrafos:

 Rosario:

Esta es la última carta que te escribo. Pronto tomaré el vapor para un país muy lejano donde no sé si volveré. Antes, pues, de que nos separemos, quizá para siempre, me despido de ti con esta carta.

Te conocí tal vez por desgracia mía, mucho te quise, mucho te quiero. Nuestros caracteres son muy opuestos y no obstante lo que te he amado, se hace preciso que todo nuestro amor concluya; y como por lo que a mí toca no me sería posible dejar de quererte viéndote continuamente y sabiendo lo que sufres o lo que has sufrido, hago una resolución y me voy. Muy difícil será que yo pueda olvidarte. Sólo estando dentro de mí se podría comprender cómo padezco al irme: pero está resuelto mi viaje y muy pronto me despediré de Nicaragua. Mis deseos siempre fueron de realizar nuestras ilusiones. Llevo la conciencia tranquila, porque como hombre honrado nunca me imaginé que pudiera manchar la pureza de la mujer que soñaba mi esposa. Dios quiera que si llegas a amar a otro hombre encuentres los mismos sentimientos.

A comienzos de 1893, tras la muerte de su joven esposa, Rafaela Contreras, Darío se refugió en un hotel en Managua, presa de un intenso abatimiento. Por esta época renovó sus viejos amoríos con Rosario Emelina Murillo, cuyos familiares, según cuentan diversas fuentes (todas ellas tomando por cierta la versión dada por el escritor mexicano Alfonso Taracena), le hicieron una encerrona y le obligaron a contraer matrimonio canónico el 8 de marzo 1893 en una ceremonia privada. 

Pocos días después Darío recibe el nombramiento de cónsul de Colombia en Buenos Aires y parten juntos hacia ese destino. Pero se separan al llegar a Panamá. Él partió hacia Argentina, ella regresó a Nicaragua, embarazada. El 26 de diciembre de 1893 nació el niño Darío Darío Murillo que falleció al mes y medio de tétanos (se cuenta que la abuela materna le cortó el cordón umbilical con una tijeras oxidadas o sucias. (Algo que todos los cronistas han dado por cierto. El primero que habló de ello fue Edelberto Torres en su libro de 1952: La dramática vida de Rubén Darío, sin citar fuentes). 

En 1907, Rosario va a buscarle a Paris donde le reclama sus derechos de esposa y a través del consulado de Nicaragua hace que le embarguen sus cuentas. Parece que allí conviven brevemente, al menos eso es lo que ella atestigua para evitar que le concedan el divorcio cuando Darío lo solicita durante su estancia en Nicaragua entre octubre de 1907 y mayo de 1908. Fracasado el intento legal, Darío intenta comprar el divorcio, ofreciéndole una sustancial cantidad de dinero, a lo que Rosario se niega rotundamente. (Carmen Conde, a partir de sus conversaciones con Francisca Sánchez, escribe un breve relato “Rubén Darío y la dramática persecución de Rosario Murillo”, 33 páginas donde describe estos sucesos)

En 1915, estando Darío ya gravemente enfermo, Rosario acude a Guatemala, donde lo cuida y se lo lleva a Nicaragua, donde lo atiende en sus últimos momentos, hasta el día de su muerte el 6 de febrero de 1916. Darío fallece llevando colgado del cuello el crucifijo que le regalara Amado Nervo.

Rosario Murillo, atendiendo a la última voluntad del poeta que quiso dejarle a su hijo de ocho años todas sus posesiones y los derechos de autor de sus obras, no reclama la cuarta parte que le corresponde por ley como esposa legítima.

Además, utilizando su influencia en la vida pública de Nicaragua, debido a sus vínculos familiares, interviene repetidamente para que los hijos del poeta reciban de parte del gobierno de Nicaragua el trato que les corresponde. En el diario El Comercio, del 21 de enero de 1923, escribe un artículo en el que aboga ante el presidente de la República y el Congreso de Nicaragua, para que se le faciliten los adecuados medios de subsistencia a Rubén Darío Contreras.

Rosario Emelina Murillo fallece en Managua el 23 de junio de 1953, llevando en el cuello el mencionado crucifijo, que luego pasa a manos de Rubén Darío Contreras por expreso deseo del poeta y que ahora continúa en posesión de sus descendientes.