La relación entre Rubén Darío y Rosario Murillo transcurre a lo largo de más de treinta años y es cuando menos controvertida. A continuación se mencionan los hitos más importantes de esta relación siguiendo un orden temporal:
En 1881 se conocieron en Managua, cuando él tenía catorce años y ella once. Darío la describió así: “Rostro ovalado, color levemente acanelado, boca cleopatrina, ojos verdes, cabellera castaña, cuerpo flexible y delicadamente voluptuoso, que traía al andar ilusiones de canéfora”.De regreso a Nicaragua experimentó, según sus propias palabras, “la mayor desilusión que puede sentir un hombre enamorado”.
El 12 mayo de1886, antes de embarcarse rumbo a Chile escribe una carta a Rosario, a menudo citada como una de las más reveladoras de su relación. En ella dice: "Esta es la última carta que te escribo. Pronto tomaré el vapor para un país muy lejano donde no sé si volveré. Antes, pues, de que nos separemos, quizá para siempre, me despido de ti con esta carta.Te conocí tal vez por desgracia mía, mucho te quise, mucho te quiero. Nuestros caracteres son muy opuestos y no obstante lo que te he amado, se hace preciso que todo nuestro amor concluya; y como por lo que a mí toca no me sería posible dejar de quererte viéndote continuamente y sabiendo lo que sufres o lo que has sufrido, hago una resolución y me voy. Muy difícil será que yo pueda olvidarte.... mis deseos siempre fueron de realizar nuestras ilusiones. Me voy amándote lo mismo que siempre…” Y termina diciendo: “Pongo a Dios por testigo que el primer beso de amor que yo he dado en mi vida fue a ti... Ojalá que nos podamos volver a ver con el mismo cariño de siempre, recordando lo mucho que te quise y que te quiero. Adiós, pues, Rosario".
En 1887 publica en Chile "Emelina" (este es el segundo nombre de Rosario), escrita en 1886, en colaboración con el chileno Eduardo Poirier en Valparaíso. Se caracteriza por ser un folletín romántico escrito en diez días para un concurso. Hay que leerlo para entender con qué cariño la describe.
En 1888 publica Azul, donde hay un poema titulado A Emelina (sigue recordando a Rosario).
A comienzos de 1893, tras la muerte de su joven esposa, Rafaela Contreras, Darío se refugió en un hotel en Managua, presa de un intenso abatimiento. Por esta época renovó sus antiguos amoríos con Rosario Emelina Murillo, cuyos familiares, según cuentan diversas fuentes, le hicieron una encerrona y bajo amenazas contrajo matrimonio canónico el 8 de marzo 1893 en una ceremonia privada. (Se ha dado por cierta esta versión ofrecida primero por el escritor mexicano Alfonso Taracena, que nacido en 1896, apenas tenía tres años cuando sucedieron los hechos, y ni pudo conocer a Darío ni indica de donde sacó esa historia)
Pocos días después Darío recibe el nombramiento de cónsul de Colombia en Buenos Aires y parten juntos hacia ese destino. Pero se separan al llegar a Panamá. Ella regresa a Nicaragua y él siguió viaje hacia Argentina.
A partir de ese momento Darío le escribe varias cartas:
8
de junio de 1893, Carta a Rosario, desde Nueva York.
5
de julio de 1893, carta desde París expresándole su amor, que comienza: “Mi amada Rosario: El vapor que me deja, la
enfermedad que me impide ir a tiempo al puerto. Todo esto ha hecho que todavía
no esté yo en Buenos Aires. Supongo, mi querida hijita que tus cartas deben
estar ya en la Argentina y que en ellas encontraré muchas noticias tuyas y
mucho cariño y amor. Este aumentado por la ausencia. Lo que es en mí ha crecido
más y más cada día. Tu recuerdo me acompaña siempre y tengo continuamente una
verdadera sed de ti.”
El día 23 de agosto de 1893 llega Rubén Darío a
la Argentina.
Roberto Sánchez Ramirez, historiador y periodista, declarado Hijo Dilecto de Managua y estudioso de la obra de Rubén Darío, publica esta información cien años después en El nuevo diario:
"El 26 de diciembre de 1893 nace el hijo de Rosario a quien ponen por nombre Darío Darío Murillo. Tres meses después muere por una infección de tetanos. La noticia de la muerte del niño apareció en El Centinela, un periódico que publicaba José María Moncada Tapia (llegaría a ser presidente de Nicaragua). Dice la nota: El primogénito del insigne poeta Rubén Darío, gloria de las letras hispanoamericanas, ha muerto. Voló el ángel que hubiera sido el encanto de su hogar, sin que su padre, ese predilecto del genio, errante por el mundo, haya recibido el último suspiro de su tierno corazón. Su madre, desolada y triste, lejos, muy lejos del compañero idolatrado de su vida, llora llena de dolor y pena. Sentimos el desgraciado acontecimiento y les enviamos las muestras de nuestro pesar".
"Si el niño fue bautizado (no hay constancia documental de este hecho) es posible que haya sido sepultado en el cementerio San Pedro, que estaba en desuso a partir de 1926 y quedó devastado en el terremoto de 1931. En la cripta de la familia Murillo-Rivas, en el cementerio general, actualmente en abandono y deteriorada, grupo 28, lotes del 1 al 8, clase primera, no hay ninguna placa con su nombre. Entre los restos sepultados, están los de Rosario Emelina y de su hermano Andrés".
No se conoce ninguna carta entre Rubén Darío y Rosario donde se mencione la existencia de ese hijo. Tampoco Darío ha escrito sobre él. Solo sabemos que por esas fechas rompe su relación con Rosario.
En 1907, Rosario va a buscarle a Paris donde le reclama sus derechos de esposa y a través del consulado de Nicaragua hace que le embarguen sus cuentas. Parece que allí conviven brevemente, al menos eso es lo que ella atestigua para evitar que le concedan el divorcio cuando Darío lo solicita durante su estancia en Nicaragua entre octubre de 1907 y mayo de 1908. Fracasado el intento legal, Darío intenta comprar el divorcio, ofreciéndole una sustancial cantidad de dinero, a lo que Rosario, una mujer de carácter decidido y fina inteligencia, se niega rotundamente. (Carmen Conde, a partir de sus conversaciones con Francisca Sánchez, lo describe en un breve relato de 33 páginas “Rubén Darío y la dramática persecución de Rosario Murillo”).
En 1915, estando
Darío ya gravemente enfermo, Rosario acude a Guatemala, donde lo cuida y
se lo lleva a Nicaragua. Ella es quien lo atiende en sus últimos momentos, hasta el día
de su muerte el 6 de febrero de 1916. Darío fallece llevando colgado del cuello
el crucifijo que le regalara Amado Nervo.
Rosario Murillo,
atendiendo a la última voluntad del poeta que quiso dejarle a su hijo de ocho
años todas sus posesiones y los derechos de autor de sus obras, no reclama la cuarta
parte que le corresponde por ley como esposa legítima.
Además, aprovechando sus vínculos familiares y utilizando su
influencia en la vida pública de Nicaragua, interviene repetidamente para que los hijos del poeta reciban de parte del
gobierno de Nicaragua el trato que les corresponde. En el diario El Comercio, del
21 de enero de 1923, escribe un artículo en el que aboga ante el presidente de
la República y el Congreso de Nicaragua, para que se le faciliten los adecuados
medios de subsistencia a Rubén Darío Contreras.
Rosario Emelina Murillo
fallece en Managua el 23 de junio de 1953, a los 83 años, llevando en el cuello el mencionado
crucifijo, que luego pasa a manos de Rubén Darío Contreras por expreso deseo
del poeta y que ahora continúa en posesión de sus descendientes.

Según leo, ella solo se interesó en ayudar a Rubén Darío Contreras pero no a Guicho, el hijo con Francisca Sánchez.
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