domingo, 10 de abril de 2022

Rubén Darío y la guerra civil en España

     Veinte años llevaba ya Rubén Darío en su tumba en la catedral de León, cuando fue llamado a levantarse y a luchar en la guerra civil española de 1936. Ramiro de Maeztu (ensayista, novelista, poeta, crítico literario y teórico político español, que fue un impulsor del concepto de hispanidad, referente para toda una escuela de pensamiento reaccionario en España), ya lo había alistado en el campo de la derecha española cuando, en su libro Defensa de la Hispanidad publicado en 1934, lo ensalzaba como la figura que permitió una superación del sentimiento antiespañol que había dominado en las antiguas colonias a lo largo del siglo XIX: "Sólo por un milagro podían [los hispanoamericanos] volver los ojos con afecto hacia la madre patria. Ese milagro se llamó Rubén. En efecto, el que era hasta 1898 "el más antiespañol de los escritores de América" —el poeta del "galicismo mental" que dijera Juan Valera— reinstituyó España en el mapa intelectual de las Américas con ese puñado de poemas de sus Cantos de vida y esperanza, y notablemente con su "Salutación del optimista", que era —según Ramiro de Maeztu— el "único himno hispanoamericano que tenemos".

Y continuaba diciendo: “Si un instinto de salvación nos quisiera mover a preparar el espíritu de las nuevas generaciones para la defensa de las tierras hispánicas, no habría ceremonial en que no se recitaran las mágicas estrofas:

¡Inclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda,

espíritus fraternos, luminosas almas, salve!

Porque llega el momento en que habrán de cantar nuevos himnos

lenguas de gloria. Un vasto rumor llena los ámbitos;

 También la izquierda, ya derrotada, desorganizada y en el exilio, supo aprovechar esta aparente afinidad de Darío con la línea política de los vencedores para cumplir sus objetivos de comunicación y propaganda. Cuenta Almudena Grandes en su trilogía novelada sobre la guerra civil española que, en 1940, ya terminada la guerra, cuando las líneas de comunicación de los partidos de izquierda estaban devastadas y no había apenas resquicios por donde hacer llegar a las bases perseguidas y silenciadas de los partidos de izquierda, que permanecían en el interior del país, las consignas provenientes de la dirigencia que estaba en el exterior, hubo que improvisar y habilitar algunos medios ingeniosos para introducir en España esos mensajes. Para ello algunos marineros, simpatizantes de los partidos políticos proscritos en España, llegaban a los puertos de Bilbao desde Nueva York y La Habana con devocionarios y libros de poemas de Rubén Darío, en los que se aprovechaba la letra pequeña de las explicaciones a pie de página para hacer llegar a las bases locales de los partidos noticias y proclamas, ante la mirada benévola de la aduana y la censura franquista.

Puede parecer algo ingenuo o trasnochado, pero yo viví una experiencia, treinta años después, que puede servir para contextualizar esta situación. Regresaba desde Francia en el otoño de 1974, pasando por la frontera de Irún. El país vasco se hallaba en estado de excepción y llevaba conmigo
un libro que había comprado en París, y que no tuve tiempo de leer, titulado: “Opus Dei, origen y desarrollo de la Santa Mafia”. En ese entonces apenas sabía que era el Opus Dei, y supuse que menos aún lo sabría la Guardia Civil. Pero vieron el libro, registraron durante dos horas el vehículo en que viajaba y al fin me dejaron marchar, no sin reconvenir mi proceder, gracias a un carnet de empleado de Telefónica que siempre llevaba conmigo, porque en aquel tiempo era un buen salvoconducto. El detalle del libro que despertó sus alertas fue que estaba editado por “Ruedo Ibérico”, la editora adscrita al Partido Comunista de España.

 

sábado, 9 de abril de 2022

Posicionamiento político de Rubén Darío

 En enero de 2021, aprovechando que se estaban celebrando en Nicaragua las jornadas darianas, que abarcan las fechas entre su nacimiento el 18 de enero y su muerte el 6 de febrero, convoqué a través de las redes sociales a un Coloquio sobre la posición político social de Rubén Darío. Propuse realizarlo la tarde de un sábado en el patio interior de una cafetería situada en Carazo.

No parecía un buen momento para esa cita. Estábamos en mitad de la pandemia del covid-19 y, aunque en el país no había restricciones ni confinamientos, siguiendo los protocolos que la sociedad civil había establecido al margen de la inacción del gobierno, pedimos que todos los asistentes acudieran con mascarillas, procuramos que se guardara una distancia social apropiada y dispusimos de dispensadores de alcohol para lavarse las manos.

Carazo es un departamento con escasa actividad cultural así que, llegado el día, me sorprendió que acudieran 16 personas, la mayoría jóvenes de entre 25 y 35 años. Esta “masiva asistencia” solo podía explicarse por la relevancia del poeta y porque en Nicaragua todos parecen tener una explicación sobre la forma de actuar del poeta.

Después de hacer la acostumbrada espera de 20 minutos, mientras llegaban los últimos rezagados, y que todos estuvimos acomodados, abrí el coloquio enumerando los motivos que me habían llevado a convocarlo y dejando una pregunta para el debate: ¿era Darío un hombre y un poeta conservador o progresista?

 Lo que no me sorprendió, conociendo ya la pasión con que los asistentes defendían sus opiniones, fue la larga discusión que nos mantuvo alertas durante las siguientes dos horas, hasta que un par de rondas de unas Toñas bien frías consiguieron calmar los ánimos y cambiar los gestos duros y las palabras agrias por las risas que solían acompañar a los chismes locales.

Era de esperar lo intenso del debate, ya que la figura de Rubén Darío, desde el momento mismo de su muerte, en 1916, fue objeto de disputas y apropiaciones. El gobierno de Nicaragua de ese momento, de corte conservador, junto con la Iglesia Católica convirtieron a Darío en "símbolo de la cultura conservadora" restaurada por la intervención de la marina de los Estados Unidos. Los homenajes fueron repitiéndose cada año hasta 1941. En ese momento, al cumplirse los veinticinco años de su muerte, la conmemoración se convirtió en cuestión de Estado y el gobierno de Anastasio Somoza García con el consenso de los sectores conservadores, de la Iglesia Católica y con el beneplácito de los sectores liberales organizó una serie de actos, en Managua y en otras ciudades del país. Así comenzó a construirse la figura de un Darío patrio ligada al régimen somocista. Ese perfil continuó en Nicaragua durante los largos años de dictadura.

Luego, a partir de 1979 y durante los diez años de gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), la figura dariana formó parte de la iconografía revolucionaria, junto a la figura señera de Augusto César Sandino. Los intelectuales sandinistas arrebataron a la burguesía la figura del poeta y reivindicaron un Darío antiimperialista, una posición que había comenzado a forjarse en la década anterior, en Cuba, cuando al cumplirse el centenario del natalicio del poeta, en 1967, la Casa de América organizó en Varadero un evento titulado  "Encuentro con Rubén Darío". En los debates que siguieron se hizo un intento deliberado por situar a Darío en la iconografía revolucionaria junto a Bolívar y José Martí.

Mi opinión es que, a pesar de todos esos intentos por apropiarse de la figura del poeta para situarla en uno u otro lado del espectro ideológico, y de la, a veces, contradictoria posición del poeta frente al intervencionismo norteamericano, el ansia de libertad en Darío queda probada no sólo en su escritura poética sino en la explícita mención que hace de la libertad como concepto fundamental ligado a la individualidad. En el breve prefacio que inicia su libro Opiniones (1906) asegura Darío: "No busco el que nadie piense como yo, ni se manifieste como yo. ¡Libertad, libertad, mis amigos! Y no os dejéis poner librea de ninguna clase”. Lo mismo hace en 1912 en su autobiografía, ligando libertad e individualidad

 Como señala Alicia Rubio, en su escrito "Un bardo en el laberinto paraguayo": En ese culto a la libertad, Darío se distanció tanto del absolutismo tradicionalista de talante inmovilista (de raíz ultramontana y reaccionaria), como de los socialismos colectivistas de corte marxista y los anarquismos radicales (de raíz jacobina y revolucionaria). Escribe odas a los vencedores, describe la desolación de los vencidos, denuncia la amenaza que representa el naciente imperialismo norteamericano. Darío parece sintetizar todas las contradicciones de un intelectual de la época. 

sábado, 2 de abril de 2022

Rubén Darío, el poema “Divagación” y la escultura en el lobby del aeropuerto de Managua

  

En el whatsapp del smartphone tenía un mensaje de voz de Anke Faengewisch, la directora de la biblioteca Semillas en Diriamba. Estaba interesada en conocer la historia de la escultura, que hay en el lobby del aeropuerto de Managua, dedicada a Rubén Darío. Ya h
abía buscado en Internet pero era muy poca la información disponible y pensó que tal vez yo podría aportar algo más.

Había visto la escultura más de una docena de veces, como todos los viajeros que salen de Nicaragua desde el aeropuerto internacional de Managua. Es imposible no fijarse en ella. Se halla ubicada en el centro del gran lobby circular que da acceso a los mostradores de Migración. Es un conjunto compuesto por ocho pilares de mármol blanco, que conforman un octágono regular, sobre los que reposan ocho cabezas de mujeres realizadas en bronce. 

El interés por el grupo escultórico venía de una voluntaria alemana que colaboraba en la biblioteca. Estaba preparando su examen final en Literatura española, casualmente sobre Rubén Darío, y al llegar a Managua se encontró con esa escultura que despertó su curiosidad. 

El conjunto escultórico tiene por título “Divagación”, en alusión al poema del mismo nombre de Rubén Darío, incluido en el libro Prosas Profanas.  Fue realizado por Maruca César de Gómez (1923-2021), una artista nicaragüense de larga trayectoria nacida en Granada, para ser situado en el lobby del aeropuerto en el año 2007. Hasta aquí la información que se puede hallar en Internet, pero Anke y su amiga querían entender la relación que había entre la escultura, el poema de Darío y el aeropuerto.

Para responder a esa inquietud tuve que ponerme en contacto con un amigo que tenía en la junta directiva del INCH (Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica), alguien que había tenido el honor de conocer a la escultora recientemente fallecida. Fue él quien me contó que, al realizar esa escultura de encargo para el aeropuerto, Maruca había querido destacar el ambiente cosmopolita que puede hallarse en ese lugar, ya que si uno se detiene a observar las cabezas de bronce verá que cada una de ellas tiene diferentes rasgos faciales que reflejan la diversidad étnica del ser humano. Un cosmopolitismo que está plasmado en el poema "Divagación" de Darío, donde en versos endecasílabos se evoca un catálogo de figuras femeninas de diversas etnias y épocas con una tendencia a lo universal, lo exótico y al amor carnal. De manera que universalidad y cosmopolitismo, junto con la belleza, son las características que unen el poema, la escultura y el aeropuerto, donde en la misma sala se pueden observar doce relojes marcando la hora en diferentes ciudades del mundo.

Me fue describiendo la forma en que Maruca ejecutó las cabezas en su taller de Managua. Modelando primero el barro a partir de fotografías, para luego terminar de completar los detalles más finos utilizando modelos vivos. Después de concluidas hacía el molde y la figura en yeso y, finalmente, era en Costa Rica, en la Casa Fage, donde se llevaba a cabo el proceso de fundición en bronce.

Fue la segunda escultura que la artista hizo tomando como referencia a  Rubén Darío y su obra --me explicó. --La primera fue la del rey y su hija, basada en el poema que empieza "Margarita, está linda la mar", y que fue regalada por la comunidad nicaragüense a Costa Rica. Después de las cabezas, hizo el monumento con la cara de Darío, que puede verse en la ciudad de Granada. La última fue la escultura que representa a San Francisco y el lobo, eje central del poema “Los motivos del lobo”, situada en la entrada de la Iglesia de San Francisco en León.

 

 

sábado, 26 de marzo de 2022

Rubén Darío y el intervencionismo de los EE.UU.

 

Estábamos sentados a una mesa en la que acababan de poner ante nosotros dos servicios del desayuno típico nicaragüense, gallopinto con queso, leche agria y tortilla. Las tazas de café humeaban a un lado y el vapor se dispersaba rápidamente, agitado por el movimiento perezoso de las aspas del ventilador que colgaba del techo. Esa mañana me había citado en la Casa del Café con el responsable de Vida Estudiantil de una prestigiosa Universidad privada de Managua. Necesitaba acordar con él los detalles de logística para la exposición titulada “Rubén Darío en los sellos del mundo”, que iba a realizar dos días después en el recinto universitario. En la pantalla del televisor, que se mantenía con el volumen apagado, estaban emitiendo el noticiero matinal. Me sorprendió el interés repentino con el que Jonathan parecía seguir las imágenes y sentí a mi vez curiosidad por la noticia que transmitían. No aprecié nada destacable en el video, un desfile de personas, mayoritariamente varones vestidos con camisa blanca de manga larga, encabezado por estudiantes de secundaria portando una corona floral sobre un soporte de madera y unas banderas de Nicaragua. Luego enfocaron a unos oradores en el patio de la casa-museo Rubén Darío y concluían en el interior de la catedral junto a la tumba del poeta. Lo realmente llamativo eran los subtítulos que acompañaban las imágenes: “Destacan legado y visión nacionalista del poeta Rubén Darío. Bajo el lema “Con Darío y Sandino, un pueblo que vence”, se realizó un desfile donde académicos de la lengua, docentes y estudiantes de los diferentes subsistemas educativos y autoridades recorrieron las calles de León”.

Me llamó la atención la sonrisa displicente, tal vez desconsolada que se iba dibujando en los labios de Jonathan mientras transcurría la noticia. Debió de notar mi interés y eso le impulsó a querer explicarse.

—No son solo los que ahora gobiernan, los que había antes también lo hicieron, aunque tal vez no con el mismo descaro. Pero todos han tratado siempre de apropiarse de la figura y del pensamiento de Rubén Darío para justificar o publicitar sus ideas políticas— me dijo.

—Tiene sentido. Darío es una figura universal. Y ya lo dice el refrán: quien a buen árbol se arrima … Lo que he observado, desde que vivo en Nicaragua, es que en los discursos de las autoridades públicas, ya sean alcaldes, secretarios políticos o funcionarios se suele destacar el lado nacionalista de Rubén Darío, sin más soporte para su convicción que la “Oda a Roosevelt” —corroboré en cierta manera sus palabras.

—Sí, a fuerza de repetirlo como un mantra vamos a terminar todos por creérnoslo.

—Entonces no fue como lo cuentan

Hizo un gesto con la mano en el aire, como quien quiere espantar un insecto molesto y además peligroso.

—Darío siempre se proclamó liberal. Creció y se formó, ideológicamente, en una atmósfera dominada por el pensamiento liberal centroamericano, que tenía vocación unionista, y se afanaba por consolidar una patria común centroamericana. Aun así, pocas veces, en su vasta producción literaria entre artículos y poemas, abordó Darío cuestiones políticas, y cuando lo hizo fue en respuesta a un acontecimiento puntual, en la mayoría de las ocasiones en defensa de la latinidad frente al peligro hegemónico de lo anglosajón, representado por la creciente influencia de los Estados Unidos de América en los asuntos del Continente. Quienes quieren arrinconar a Darío en sus propias convicciones ideológicas proclaman como ejemplo que a los 25 años, publicó en el Heraldo de Costa Rica un texto titulado “Por el lado del Norte”, que en su primer párrafo decía: “Por el lado del Norte está el peligro. Por el lado del Norte es por donde anida el águila hostil. Desconfiemos, hermanos de América, desconfiemos de esos hombres de ojos azules que no nos hablan sino cuando tienen la trampa puesta”. Pero esa no era una preocupación nueva, ni tampoco exclusiva de Darío. Era algo que estaba en el imaginario colectivo de los intelectuales latinoamericanos desde el momento en que se produjo la independencia de las repúblicas americanas. Ya Bolívar había advertido del peligro y José Martí había incidido en ello medio siglo después.

—Y parece que su “Oda a Roosevelt”, que está motivada por la intervención de los EE.UU. en la independencia de Panamá y la construcción del canal interoceánico, incide en esa idea. Fue un poema, muy aplaudido por los intelectuales latinoamericanos, en el que hace una defensa de lo hispano frente al que califica como futuro invasor de la América ingenua. Se opone al intervencionismo de los Estados Unidos, llama a Roosevelt “Cazador”, por su tendencia a la ocupación de pueblos que poco pueden hacer para defenderse y lo ve como alguien primitivo en lo sustancial— le dije.

—Ciertamente, pero él quería ser poeta, no un abanderado de alguna causa política, por eso cuando la publica en 1905 dentro del libro Cantos de vida y esperanza, deja muy claro en el Prefacio su postura cuando reconoce que abordará aspectos políticos –siempre desde el ámbito literario– cuando éstos sean de relevancia: “Si en estos cantos hay política, es porque aparece universal. Y si encontráis versos a un presidente, es porque son un clamor continental. Mañana podremos ser yanquis (y es lo más probable); de todas maneras mi protesta queda escrita sobre las alas de los inmaculados cisnes, tan ilustres como Júpiter”. Es la reacción de un intelectual ante un hecho puntual. Pero no hay en sus escritos la radicalidad ciega que suele acompañar a una actitud ideológica concreta. Él puede admirar los logros del mundo anglosajón, reconocer su modernidad y al mismo tiempo denunciar el peligro que supone para los desunidos países de la América latina. Lo vemos en 1900, cuando después de visitar el pabellón norteamericano en la exposición universal de París, escribe: “No son simpáticos como nación; sus enormes ciudades de cíclopes abruman, no es fácil amarles, pero es imposible no admirarles (…) Ese pueblo adolescente y colosal ha demostrado una vez más su plétora de vitalidad”.

No era la primera vez que conversaba con un nicaragüense sobre la aparente contradicción que había en los escritos políticos de Darío, pero me interesaba escuchar la opinión de Jonathan, por eso saqué el tema a colación.

—Y en 1906 escribe “Salutación al águila”, poema que comienza con estos versos: “Bien vengas, mágica Águila de alas enormes y fuertes, a extender sobre el Sur tu gran sombra continental, a traer en tus garras, anilladas de rojos brillantes, una palma de gloria, de color de la inmensa esperanza, y en tu pico la oliva de una vasta y fecunda paz”. Parece algo contradictorio— argumenté, pero mi interlocutor no pareció impresionado, incluso refrendó mi argumento.

—Y termina el poema con estos versos: ¡Que la Latina América reciba tu mágica influencia y que renazca nuevo Olimpo, lleno de dioses y de héroes! ¡Adelante, siempre adelante! ¡Excélsior! ¡Vida! ¡Lumbre! ¡Que se cumpla lo prometido en los destinos terrenos, y que vuestra obra inmensa las aprobaciones recoja del mirar de los astros, y de lo que Hay más Allá! —Hizo una breve pausa antes de continuar— Algunos quisieron ver en estos versos una invitación a la invasión.

—Es difícil justificar un cambio tan radical. He leído que el poema fue muy criticado por los intelectuales de su tiempo, incluso algunos como Rufino Blanco Fombona lo vieron como una traición a los ideales latinoamericanos.

Acompañé mis palabras con un gesto que parecía insinuar tanto mis dudas como mi asombro. Entonces tuve la impresión de que también él necesitaba justificarse, que aquella era una cuestión nacional al margen del pensamiento político de cada uno. Especialmente cuando ambos sabíamos que apenas habían transcurrido cinco años desde la publicación del poema cuando EE.UU., el mismo Roosevelt, intervino en Nicaragua enviando sus marines y ocupándola militarmente durante veintiún años hasta 1933.

—En “Salutación al águila” Darío describió una condición ideal de panamericanismo. Cuando escribe el poema acaba de asistir a la conferencia panamericana en Brasil y ha escuchado el discurso pronunciado por el secretario de estado Elihu Root, que venía a afirmar que "No deseamos más victoria que las de la paz; ni territorio alguno fuera del nuestro... Estimamos que la independencia y los derechos iguales del miembro más pequeño y débil de la familia de las naciones, son acreedores a tanto respeto como los del más grande imperio" —hizo una pausa, como dando tiempo a que las palabras hicieran su efecto—. Quizás Darío nunca experimentó un cambio profundo de sus ideales, no varió su actitud frente a los EE.UU., sino que más bien cambiaron sus prioridades. Si al principio prefirió la independencia total de Hispanoamérica, basada en un rechazo total a los EE.UU., ahora se decantaba por la paz y la unidad, y comprendió que ello sólo era posible mediante la colaboración con el coloso del norte. El poeta mismo aclaró más tarde que había escrito el poema en un ámbito de cortesía para la Conferencia Panamericana que se celebró en Río de Janeiro, y en contestación a la agria crítica que le hacía Blanco Fombona respondía en agosto de 1907 que su salutación no era sino una pieza ocasional, surgida dentro del clima armónico del evento al que asistía: “Saludar nosotros al Águila, ¡sobre todo cuando hacemos cosas diplomáticas! No tiene nada de particular …  Lo cortés no quita lo Condor”.

Parece una explicación coherente y así se lo hice saber.

 —Es cierto que cuando estalla la Primera Guerra Mundial el ideal del pacifismo se impone por encima de sus simpatías o de las situaciones circunstanciales y Darío no duda en comprometerse en una dudosa campaña en favor de la paz que le lleva a los Estados Unidos.

—Pero lo Condor no quita lo cortés y siempre habrá en Nicaragua quien se empeñe en que Rubén Darío lleve la bandera de su partido político— sentenció Jonathan, dando por zanjado el asunto mientras ambos nos disponíamos a dar cuenta del desayuno.

  

miércoles, 2 de febrero de 2022

Venus, el poema de Rubén Darío

 Venus

En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría.
En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín.
En el obscuro cielo Venus bella temblando lucía,
como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.

A mi alma enamorada, una reina oriental parecía,
que esperaba a su amante bajo el techo de su camarín,
o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría,
triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.

«¡Oh, reina rubia! ? díjele?, mi alma quiere dejar su crisálida
y volar hacia ti, y tus labios de fuego besar;
y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,

y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar».
El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida.
Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar.

Este poema fue publicado por primera vez en la revista Repertorio Salvadoreño (San Salvador, julio de 1889) y luego en el diario que dirigió el propio Darío, La Unión (San Salvador, 15 de mayo de 1890), formando parte de la trilogía “Sonetos Áureos”, junto a “Caupolicán” y “De invierno”.

Este grupo de sonetos se incorpora en la segunda edición de “Azul”, publicada en 1890 en Guatemala. Se puede afirmar que marcan la aparición del modernismo en poesía, una forma de escribir que luego se verá desarrollada y culminada en el libro Prosas Profanas, publicado en 1896. (Juan Valera ya había señalado, en su crítica a la primera edición de Azul que era en los cuentos y no en los poemas donde residía la auténtica novedad del libro y el propio Darío renuncia a incorporar alguno de los poemas contenidos en la primera edición del libro cuando hacia el final de su vida hace una selección de sus mejores poesías).

 El soneto “Venus” consta de dos serventesios y dos tercetos, que destacan por ser todos los versos pares acabados en agudo, siendo el poema, métricamente más extenso y ejemplo único entre los sonetos darianos, con versos de diecisiete sílabas, formados por un heptasílabo y un decasílabo, una combinación en la que, para algunos críticos, se siente demasiado la ligadura forzada, aunque para otros es precisamente esta marcada cesura la que acentúa rítmicamente la estructura del poema, contribuyendo a darle significado a través del cuidadoso empleo del contraste entre las dos partes del hemistiquio, que hay en todos los versos del primer cuarteto y que marcan el ritmo de todo el poema.

Mucho se ha escrito sobre el significado del poema, haciendo énfasis en la nostalgia del poeta o en la inasequible incertidumbre del amor, donde la distancia y las diferencias entre los amantes harían imposible toda relación amorosa, donde Venus sería el catalizador de los sentimientos expresados por el poeta.

Con toda la humildad que requiere la situación me gustaría dejar mi opinión, que surge de la primera impresión que me quedó al leer el poema.

En el primer verso el poeta señala el momento y su situación anímica. En los siguientes tres versos se siente de pronto inmerso en la naturaleza, sobrecogido por lo que observa. Entre los versos 5 al 12 expresa los sentimientos y deseos que la situación provoca en su estado de ánimo. En los dos últimos versos el poeta vuelve de nuevo a sentir la presencia envolvente de la naturaleza.

Lo que quiero decir es que todo el poema es un haiku, obviamente en esencia, ya que no responde a su estructura acostumbrada.

Es poco probable que Rubén Darío conociera la estructura del haiku japonés, (pero no se puede descartar dado su conocimiento de las culturas orientales). Este tipo de verso fue introducido en la literatura latinoamericana hacia 1919 por el poeta mexicano Juan José Tablada.

En cualquier caso, lo que es de resaltar es que no importan el lugar ni el tiempo, cuando la naturaleza nos conmueve provoca en el alma del poeta universal una emoción que invade el cuerpo y abre la mente a una experiencia evocadora y extasiada, solo modelada por su estado de ánimo, aunque luego la expresión formal de ese sentimiento pueda parecer diferente en el haiku japonés o en los de Borges y Octavio Paz.

lunes, 31 de enero de 2022

Rubén Darío a su paso por Masaya

Monumento en Masaya
 Rubén Darío visitó en múltiples ocasiones y por diferentes motivos la ciudad de Masaya, situada a 30 kilómetros de Managua. Ello ha dado lugar a la publicación de numerosos libros y artículos periodísticos, escritos por apasionados masayas, que tratan de esclarecer la conexión del poeta con esta ciudad o bien de aportar un pequeño detalle desconocido hasta entonces. Esta pasión colectiva merece un espacio que relacione como fue la última visita de Darío a Masaya y como se le celebra hoy en esa ciudad.

Ayer

El 7 de diciembre de 1907, día de la Gritería a la Inmaculada Concepción de María, Rubén Darío pasó por la ciudad cuando se dirigía a Diriamba. Viajaba en el nuevo tren que unía el puerto del pacífico con la zona productora de café. En paseo triunfal atravesó los pueblos de la zona. Los pobladores salían a recibirle y vitorearle al paso del tren.  Sus amigos de Masaya le obsequiaron ese día con un almuerzo en la quinta recreo “Saratoga”, situada en las inmediaciones de Villa Catarina, sitio fresco y pintoresco. En agradecimiento, tal vez en respuesta a los ruegos de sus anfitriones, Darío solicitó lápiz y papel y escribió un poema dedicado a la ciudad, titulado, “Gratitud a Masaya”:

Por doquiera donde vaya,
el recuerdo irá conmigo,
del corazón de Masaya,
tan hidalgo y tan amigo.
Son retorno y despedida
juntos en este momento;
más de Masaya florida
el nombre de mi pensamiento
irá por toda la vida.
A esta región hechicera
no quiero decir adiós
que la vea antes que muera,
que esté siempre en primavera
y que la bendiga Dios.

Hoy

El sábado 30 de Enero de 2021 se celebró, en la ciudad de Masaya, en el marco de la Jornada Dariana, el Primer Festival de Poesía organizado por el Instituto de Cultura: “Mi sed de amor no tiene fin”, en el cual participaron 40 poetas de Granada, Masaya y Managua.

Los participantes tuvieron la oportunidad de declamar algunos poemas del poeta homenajeado. Sus sentimientos quedaron reflejados en algunas de sus declaraciones recogidas en el diario El 19 digital. Uno de ellos expresó: “Para mí, Darío ha sido un ejemplo para todos los nicaragüenses y en lo personal, porque ha sido el quijote de la literatura no solo nicaragüense sino universal, es por ello que nosotros hemos seguido sus pasos y es por ello que estamos tratando de dulcificar su palabra, Darío ha permitido que todos los nicaragüenses seamos reconocidos en todo el mundo gracias a la grandeza de sus obras”.

Además de la colocación de la ofrenda floral, los poetas realizaron una caminata hacia el parque Darío, lugar en el que realizaron una presentación cultural, donde la Musa Dariana de este departamento, una joven de la localidad que se elije cada año entre varias participantes en el certamen,  declamó uno de los poemas del poeta. Así mismo se realizaron bailes tradicionales.

Para la Musa Dariana, el poeta representa un ejemplo a seguir, además de ser una fuente de inspiración para las futuras generaciones de nicaragüenses: “Rubén Darío nos ha permitido a todos los jóvenes enriquecer nuestros conocimientos, además ha permitido que muchos poetas jóvenes logren incursionar en la poesía al igual que él, nuestro compromiso con Darío es seguir creciendo como personas e intelectuales”.

Al anochecer la compañía nacional de Ballet nicaragüense interpretó ante numeroso público allí congregado el poema “La Cabeza del Rawí” escrito por el poeta hacia 1885, en dieciséis grupos de 10 versos.

Al igual que el departamento de Masaya, toda Nicaragua conmemoró en estas fechas el natalicio del poeta Rubén Darío, como parte del reconocimiento y agradecimiento del pueblo nicaragüense hacia el hombre que llevó el nombre de Nicaragua por muchos países de mundo.

domingo, 30 de enero de 2022

Rubén Darío en un Catálogo de sellos

 

      Son numerosos los sellos postales que en los últimos cien años se han emitido en diferentes países como homenaje a la obra de Rubén Darío. Si bien es cierto que todos ellos se circunscriben al ámbito latinoamericano. En enero de 2016, coincidiendo con el centenario de la muerte de Rubén Darío, me di a la tarea de reunirlos todos en un pequeño álbum que confeccioné para tal efecto. 

Con el paso del tiempo, poco a poco había ido consiguiendo en la oficina filatélica de Correos de Nicaragua o a través de las web dedicadas al coleccionismo que se pueden encontrar en Internet los sellos emitidos en este país. Me llamó la atención descubrir en esas mismas páginas que eran varios los países que habían emitido sellos postales recordando al poeta nicaragüense, especialmente en torno a 1967, año conmemorativo del centenario de su nacimiento. El primero en hacerlo fue Cuba, en 1937, cuando con ocasión de celebrarse el aniversario del descubrimiento de América emitió una serie de sellos postales titulada “Asociación de escritores y artistas americanos”. Se componía de 23 sellos, estando representados en ellos la mayoría de países americanos, incluyendo Canadá y Estados Unidos, y el viaje de Cristóbal Colón. Dos de los sellos eran de la categoría de “entrega inmediata”, el que representaba a México (con una imagen del templo de Teotihuacan) y el de Nicaragua (con la efigie de Rubén Darío en el centro, en el lado derecho una mujer desnuda y en el izquierdo unas hojas de laurel).

La serie completa, que consta de 23 sellos, entre correo normal (15), correo aéreo (6) y correo urgente (2), se puso a la venta solo durante tres días, del 13 al 15 de octubre, coincidiendo con las celebraciones del descubrimiento de América. Durante esos tres días no se vendió ningún otro tipo de sello. Los sobrantes se resellaron con las iniciales SVP, sin valor postal. Los beneficios obtenidos por la venta, alrededor de 30.000 pesos fueron destinados a la Asociación de escritores y artistas americanos.

El último lo emitiría Argentina, en junio de 2016. Para el diseño de este sello se escogió una foto del poeta tomada en Buenos Aires en 1896 y un pequeño poema donde se ensalzan las virtudes del libro:

 El libro es fuerza, Es valor

es poder, es alimento;

antorcha del pensamiento

y manantial del amor.

    Rubén Darío

 En total, a lo largo de estos años, han sido once los países que han emitido sellos sobre Rubén Darío: Nicaragua, Cuba, Chile, Argentina, Brasil, México, Paraguay, Uruguay, Venezuela, Honduras y España.

Una vez que conseguí completar la colección, en bloques de 4 sellos, caí en la cuenta de que ganaría en claridad expositiva si podía documentarla añadiendo junto a cada sello datos tan relevantes como el número de ejemplares que se habían emitido, el tipo de papel y de impresión utilizada, así como el nombre del diseñador y de la imprenta responsable. Reunir estos datos no fue un trabajo fácil. Para los emitidos en Nicaragua tuve que revisar en el archivo de la Asamblea Nacional los decretos emitidos en aquellos años sobre emisiones postales. Para el resto de países o bien encontré la información en Internet o tuve que ponerme en contacto con las respectivas oficinas filatélicas.

Fue algo que hice para mi propio uso y solo por el placer de reunir una información que daría más lustre al álbum que había completado. Luego un amigo, también aficionado a la filatelia y admirador como muchos de la obra del poeta nicaragüense, me animó a publicar todo en ello en un Catálogo y así fue como surgió este libro que hoy manejan un buen número de coleccionistas en Nicaragua.

Este Catálogo, editado con vivos colores, puede encontrarse en Amazón, en formato digital, o bien en formato papel a través de este blog, dejando un mensaje en la sección “Comentarios”.