Rubén Darío nunca estuvo en Paraguay, pero se mantuvo al corriente del estado de la poesía en ese país, y tuvo la oportunidad de conversar con algunos ilustres paraguayos, como Arsenio López y Manuel Gondra (dos veces presidente de Paraguay) que años antes había escrito una famosa crítica del libro Prosas profanas. A ambos tuvo la oportunidad de conocer personalmente en Río de Janeiro durante la celebración de la Tercera Conferencia Panamericana celebrada del 23 de julio al 23 de agosto de 1906.
Años
después Darío escribió un artículo
sobre el país para la revista Mundial Magazine donde afirmaba que Paraguay era “Tierra de sol, tierra de
épica historia, tierra de leyendas. Lo que hicieron sus hombres en la guerra
terrible, se ha contado a los niños de América, como las hazañas de los héroes
homéricos los cuentos fabulosos. Porque allí se demostró con sangre y muerte,
saber de patria y de sacrificio, quizás como en ninguna parte…”. Artículo
que más tarde incluiría en el libro
Prosa política: “Las repúblicas americanas”, en
el que hacía una profunda reflexión sobre las diferentes realidades de los países latinoamericanos,
desde un punto de vista histórico, político, sociocultural y económico.
En
1912 fue nombrado Cónsul honorario de Paraguay en París, cargo oficializado en
septiembre de ese año y reafirmado por documentos en 1913, siendo este uno de sus últimos puestos
diplomáticos. Su labor como cónsul se centró en la gestión de intereses
paraguayos, incluyendo cuestiones aduaneras y propuestas de inversión,
consolidando su vínculo con el país.
¿Sabéis? La
rusa, la soberbia y blanca rusa
que danzó en
Buenos Aires, feliz como una musa
enamorada, y
sonrió mucho, y partió luego
a dar sol a
sus rosas al Paraguay de fuego.