domingo, 1 de marzo de 2026

Rubén Darío en Paraguay

Rubén Darío nunca estuvo en Paraguay, pero se mantuvo al corriente del estado de la poesía en ese país, y tuvo la oportunidad de conversar con algunos ilustres paraguayos, como Arsenio López y Manuel Gondra (dos veces presidente de Paraguay) que años antes había escrito una famosa crítica del libro Prosas profanas. A ambos tuvo la oportunidad de conocer personalmente en Río de Janeiro durante la celebración de la Tercera Conferencia Panamericana celebrada del 23 de julio al 23 de agosto de 1906.

Años después Darío escribió un artículo sobre el país para la revista Mundial Magazine donde afirmaba que Paraguay era “Tierra de sol, tierra de épica historia, tierra de leyendas. Lo que hicieron sus hombres en la guerra terrible, se ha contado a los niños de América, como las hazañas de los héroes homéricos los cuentos fabulosos. Porque allí se demostró con sangre y muerte, saber de patria y de sacrificio, quizás como en ninguna parte…”. Artículo que más tarde incluiría en el libro Prosa política: “Las repúblicas americanas”, en el que hacía una profunda reflexión sobre las diferentes realidades de los países latinoamericanos, desde un punto de vista histórico, político, sociocultural y económico. 

En 1912 fue nombrado Cónsul honorario de Paraguay en París, cargo oficializado en septiembre de ese año y reafirmado por documentos en 1913, siendo este uno de sus últimos puestos diplomáticos. Su labor como cónsul se centró en la gestión de intereses paraguayos, incluyendo cuestiones aduaneras y propuestas de inversión, consolidando su vínculo con el país.

Lo llamativo es que cuando en 1966 el país guaraní conmemora el cincuentenario de la muerte de Rubén Darío, emite Series postales, en una se ve el retrato del poeta, en la otra un libro abierto en cuyas páginas hay un poema ilegible, y sobre él, en caracteres más grandes, la inscripción Paraguay de fuego …. (El verso con el que termina la primera estrofa del poema “Elegía pagana”).

¿Sabéis? La rusa, la soberbia y blanca rusa

que danzó en Buenos Aires, feliz como una musa

enamorada, y sonrió mucho, y partió luego

a dar sol a sus rosas al Paraguay de fuego.